Adentrarse en Alquife significa aprender minería. Largos siglos de explotaciones han moldeado esta tierra, arrancándole sus tesoros y transformando el paisaje. Las minas a cielo abierto de Alquife pueden divisarse desde cualquier otero o llano del Marquesado. Son el punto de referencia por excelencia para situarnos en el paisaje. Esta historia minera se refleja en sus barrios, en sus tradiciones, en su devoción a Sta. Bárbara, que no desplaza sin embargo a San Hermenegildo. Y también está presente en la afición de los alquifeños a la pólvora, ahora únicamente presente en sus fiestas.
Es obligado divisar el pueblo desde los restos del castillo árabe para comprender la extensión de esta industria en Alquife…
Pasear por las calles de Alquife es descubrir en cada rincón una llamativa fuente, añoranza quizás del agua de la mina.